Un cachorro Gambino, de cuidado.
Ese día Marco, tuvo bastante suerte en no haber perdido la vida. Había hecho enfadar bastante a su suegro.
— Cuñado, no sabía que fueras tan suicida, por poco y no la cuentas. — Vladimir, se reía. Los faraones estaban pagando un poco de lo que lo habían hecho pasar.
— Ya que estamos más calmados, quiero decirles que hay algo que se siente extraño últimamente. Como si el enemigo estuviera preparándose para atacar.
— ¿Cómo es que puedes estar tan seguro de eso, Vladish? Quizás fue solame