Los ojos color ámbar del faraón, se fijaron en el poderoso Alfa, que se acercaba con paso firme.
— Abuelo, respóndeme, quieres más a Vlad, que a mí. — El pequeño Marc, que era tan parecido a Marcelo y a Marco, se cruzaba de brazos y tenía las cejas fruncidas.
— Pequeño diablillo, si yo quiero a mis nietos por igual, los dos son mi sangre, hijos de mis hijos. No tengo favoritos, tú y Vlad, son mis grandes tesoros.
El faraón no había envejecido ni un solo año, estaba igual de apuesto que