Huyendo del imponente señor Gambino.
Los hermanos del Alfa que se encontraban cada uno a su lado, por supuesto que alcanzaron a escuchar lo que dijo. Ninguno de ellos entendía nada.
— Damiano, ¿Qué rayos te suc ede? Tienes que seguir con el discurso. — El Alfa Emiliano le susurraba a su hermano. Todos en la sala tenían la mirada puesta en él, se podía mal interpretar y pensar que estaba enfermo o algo parecido. Pero sobre todo los poderosos Alfas que querían su cabeza, podían creerlo débil y aprovecharse de la situación.
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