Damiano, el rey que no teme a nada.
Aunque todos ahí, eran seres sobrenaturales y extraordinarios de diferentes maneras. Al escuchar al hombre que llegaba llamando nieto a Vladimir, se voltearon de inmediato.
La diosa luna, Ra, el dios de los egipcios, o cualquier dios al que le rezara uno de los invitados, eran sin duda impresionantes, Pero escuchar y ver al mismísimo ángel caído frente a sus ojos, no tenía presidente alguno.
— ¡Abuelo! Parece que no conoces la puntualidad, ¿Eh? Estás llegando a media misa.
— Me disculp