Darío encuentra a su destinada.
El engreído vampiro no podía creer que el destino le haya puesto en el camino a su alma gemela, mucho menos en aquella humana que ni siquiera estaba vestida apropiadamente.
— ¡Tú, mujer...! ¿Qué diablos haces medio desnuda frente a estos lobos hambrientos? ¡Parece que no eres capaz de cuidar de ti misma, además de que vistes como una bailarina de un club nocturno!
Vivían volteó a ver al hombre de ojos color miel que la miraba intensamente, pero con una mezcla de rabia, ella no entendía qu