Tres días después de la reunión con el consejo, la calma comenzó a parecer sospechosa.
Demasiado silenciosa.
Demasiado ordenada.
Demasiado perfecta.
Y en una manada como Luna de Plata, la perfección casi siempre significaba que alguien estaba preparando un golpe.
Kael lo sabía.
Lo sentía.
Nairo también.
El alfa observaba desde la terraza de la Casa del Alfa mientras el sol desaparecía detrás de las montañas. Desde allí podía ver gran parte del territorio central: los caminos iluminados por anto