Amelia no durmió esa noche.
Intentó hacerlo.
De verdad lo intentó.
Se acostó. Cerró los ojos. Contó respiraciones. Escuchó el viento moviéndose entre los árboles fuera de la ventana.
Pero cada vez que estaba a punto de quedarse dormida, las mismas preguntas regresaban.
Su padre.
Alaric.
Los documentos.
Las reuniones.
Los secretos.
Y, por encima de todo, aquella horrible sensación de no conocer realmente la historia de su propia familia.
Porque eso era lo que más dolía.
No los rumores.
No las ac