El amanecer llegó acompañado por el miedo.
No el miedo que provocaban los exiliados.
No el miedo a una invasión.
No el miedo a la sangre.
Era algo peor.
El miedo a la verdad.
Porque la verdad tenía una particularidad que las garras y los colmillos no poseían:
Una vez liberada, no podía volver a encerrarse.
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Desde antes de que saliera el sol, los miembros de Luna de Plata comenzaron a reunirse en la explanada central.
Familias enteras.
Guerreros.
Aprendices.
Ancianos.
Curanderos.
Cazadores.
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