Dorian no fue a buscarla ese día.
Y esa simple decisión marcó una diferencia que ninguno de los dos comprendió de inmediato.
Durante años, cada vez que Amelia enfrentaba algo difícil, él aparecía.
Después de un entrenamiento agotador.
Después de una discusión con su madre.
Después de un fracaso.
Después de una victoria.
Dorian siempre estaba allí.
No porque tuviera que estar.
Porque quería estar.
Porque durante mucho tiempo había creído que amar a Amelia significaba convertirse en el lugar al q