La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
Amelia apenas había dormido.
Cada vez que cerraba los ojos veía el símbolo grabado en la piedra. Escuchaba las palabras de Alaric. Sentía la tensión que recorría la manada como una corriente eléctrica bajo la piel.
Y, por si eso fuera poco, el vínculo tampoco parecía dispuesto a darle descanso.
No era dolor.
No exactamente.
Era una sensación constante de presencia.
Como si una parte de ella supiera dónde estaba Kael en todo momento.
Como si Astrynn ma