La convocatoria llegó al amanecer.
No como una petición.
No como una invitación.
Como una orden cuidadosamente disfrazada de cortesía.
Amelia permaneció varios minutos observando el pergamino sobre la mesa de su cocina mientras la luz gris de la mañana entraba por la ventana.
El sello del consejo seguía intacto.
Tres lunas entrelazadas.
Símbolo de autoridad ancestral.
Durante toda su infancia aquel emblema había significado seguridad.
Sabiduría.
Tradición.
Ahora solo le provocaba desconfianza.