No hubo citación formal.
No hubo aviso previo.
Solo el golpe.
Llegó al amanecer, cuando el territorio aún estaba envuelto en ese silencio gris que antecede al día. Kael lo sintió antes de oír nada: un cambio en el aire, una rigidez distinta, como si la manada entera estuviera conteniendo la respiración.
Nairo se irguió dentro de él.
Ya saben.
Kael no respondió.
No hacía falta.
La puerta de la casa alfa se abrió sin ceremonia.
Tres miembros del consejo entraron.
No esperaron invitación.
Eso, por