Amelia nunca había sentido el peso del silencio de esa manera.
El salón del consejo era amplio, circular, construido para que nadie ocupara el centro por demasiado tiempo. Las paredes de piedra guardaban siglos de decisiones tomadas por otros, sobre otros. Sobre cuerpos, vínculos y destinos que nunca pidieron permiso.
Ella estaba de pie.
No en el centro.
Un paso antes.
Y aun así, todos la miraban.
Astrynn permanecía alerta dentro de ella, no agresiva, pero sí firme, como una presencia que sost