La alerta había incendiado la manada entera.
Apenas Dorian sacó a Amelia de la casa del alfa, los aullidos comenzaron a propagarse por el bosque como relámpagos, uno tras otro, avisando el inminente ataque. El aire vibraba con adrenalina y tensión; las ramas crujían; la tierra temblaba bajo las carreras de los guerreros.
Dorian la llevó hacia el refugio subterráneo, diseñado para proteger a los miembros vulnerables durante incursiones enemigas.
Pero Amelia no era vulnerable.
Eso era lo peor.
—D