Mientras el mundo exterior ardía en llamas y el choque de aceros resonaba como un trueno incesante, dentro de las cámaras privadas del Palacio Dorado se libraba una batalla mucho más silenciosa, pero infinitamente más peligrosa.
Allí, en la enorme cama de dosel donde solían descansar sus amores y sus sueños, yacía Kai.
El gran Alfa Oscuro, el ser que inspiraba terror y respeto en todo el continente, estaba reducido a una sombra de sí mismo. Su piel, normalmente bronceada y llena de vida, ahora