Marcus caminaba por los pasillos laberínticos del territorio del Norte, y aunque su rostro se esforzaba por mantener una severidad impasible, en su interior ardía una satisfacción maligna, una llama fría de triunfo. Él conocía la verdad absoluta, una verdad que guardaba como un veneno precioso: la vida que crecía en el vientre de Valeriah no llevaba su sangre. Era pura sangre de Alfa Oscuro. Era el hijo legítimo, el heredero que Kai tanto anhelaba y del que, irónicamente, aún no tenía conocimie