La calma había regresado a los territorios, pero no era una paz completa. Era una tregua frágil. Los cuerpos hallados cerca de la fortaleza eran una advertencia clara. Algo nuevo y terrible había despertado. Sin embargo, la vida debía continuar. No podían gobernar desde el miedo.
Marcus seguía prófugo. Herido, débil, probablemente escondido en algún rincón oscuro lamentando su derrota. No representaba un peligro inmediato, pero seguía siendo una espina clavada en el corazón del reino. Y por si