A pesar de mi expectación por la luz que brillaba en mi mano —una esfera cálida, temblorosa, imposible— lo que esa luz me permitió ver me sorprendió todavía más.
Esto no era un cuarto.
No era un simple espacio oculto.
Era un túnel.
Un pasillo largo, húmedo, silencioso, con paredes de piedra que respiraban frío. A los lados había puertas de madera gruesa, viejas, sin marcas que dijeran a dónde llevaban. Todo olía a encierro… y a secretos.
Mi corazón aún latía demasiado rápido por el ataque de pá