Luna
Luna observó el amanecer desde la ventana de su habitación. Los primeros rayos del sol se filtraban entre las copas de los árboles, tiñendo el cielo de tonalidades rosadas y anaranjadas. Había pasado la noche en vela, con pensamientos contradictorios revoloteando en su mente como mariposas inquietas.
Zane. Su nombre se repetía en su cabeza como un eco interminable. ¿Cómo había llegado a este punto? Hace apenas unas semanas, el nombre del Alfa más temido de la región le provocaba escalofrío