C41-LA BURBUJA EN KYANOS
La última onda de placer aún temblaba en sus músculos cuando Aslan murmuró de nuevo la pregunta contra su cuello.
—Quédate unos días más. Solo esto. Solo nosotros.
La habitación olía a sexo, a piel caliente y a la colonia amaderada de él que ahora era también el perfume de ella.
Isabella giró la cabeza en la almohada y sus ojos recorrieron las intrincadas molduras del techo abovedado de la suite.
Fuera, el Mediterráneo era una lámina de obsidiana bajo la luna llena qu