MARIANA
El aire de la madrugada por lo general olía a humedad, en cambio, este ambiente estaba impregnado con el aroma dulzón de la sangre. Mariana, por ayudar al anciano indefenso que encontró atrapado bajo una roca, descubrió a las malas su terrible error, cuando por poco ese enorme reptil verde, casi la parte de una mordida, intentó arañarlo, pero esa extraña piel era más dura que la piedra. Por eso no le quedó de otra, sino huir. Corrió por los montes, saltó quebradas, tuvo la esperanza de