ALBERTO
El gran Alfa junto a su hijo desocupó las botellas con las bebidas más costosas. Y aunque quisieron seguir celebrando su reencuentro, llegaron varias visitas que les acabarían con su momento de esparcimiento.
—Señor, llegaron Juan y la señora Sheila—. Un mayordomo los interrumpió; entró a la oficina agachando la cabeza, esperando algún regaño o algo peor.
—No me acordaba de que los mande a venir, tenemos que cuadrar los últimos detalles del asalto al resguardo de los jaguares—, el gran