MARIANA
Las calles se engalanaban con las casas de paredes altas y techos de barro, que por tener más de cien años no podían ser tumbadas para construir un edificio moderno. Las calles fueron pavimentadas con piedras que el sol calentaba y que las cuatro patas de Mariana en la forma de jaguar sentían como finos pellizcos. Pero no la detenían al seguir el aroma de su presa, aquel abusador que se le había escapado, y a medida que avanzaba casi lo podía dibujar en la mente, y los demás olores no l