VIVIANA
—Espléndido, no puedo creer que ella fuese un jaguar, es asombroso—. Viviana corrió a su máxima potencia y eso no fue suficiente para alcanzar a Mariana, quien en su forma felina se movía con agilidad y una gran velocidad motivada por el olor del violador que no logró capturar, aunque en un instante se detuvo moviendo la cabeza cuando sopló el viento y el olor se le perdió en sus ondas.
—¡Huyan!, ¡es un jaguar! —gritó un niño que jugaba con una pelota con otros compañeros. A ellas les p