Luisa
La guerrera sentía que llegaba a sus límites, sentía sus brazos que se desprendían de su cuerpo y las cadenas de energía se debilitaban a cada momento, pues el enorme lobo que colgaba al extremo pesaba mucho.
—Señor lobo, por favor, despierte y transfórmese en hombre, no puedo más con este peso, terminaremos estrellándonos contra el fondo de esta cantera abandonada. —Luisa contempló el vacío que la llamaba a soltarse para descansar su cuerpo.
—¡Ayuda! —volvió a gritar, pero fue en vano. L