MARIANA
Ella perdió el conocimiento debido a los latigazos de su cruel carcelero, aunque como en un sueño le pareció escuchar lo que hablaba el muchacho de que sería juzgada sin su presencia y con el veredicto de culpabilidad ya sentenciado, por eso se forzó a despertar y supuso que podía exigir: —Espera, muchacho, necesito que me lleves al juicio. Me tengo que defender.
Piré, el carcelero, alistó su látigo para enseñarle su realidad; sin embargo, el joven guerrero le señaló que parara al tiemp