Mundo ficciónIniciar sesiónSHEILA
—¿Dónde estamos? Tengo que ir a buscar a mi novia.
—Mejor deberías preocuparte por ti, Alberto, fuimos capturados.
—¿Sheila, qué sucedió? Tan solo recuerdo que nos perseguían unos jaguares. Estábamos buscando una flor para preparar la pócima de conversión.
—Alberto, es complicado, esos bichos te mataron, pero el anciano Sancho, con un ritual, te resucitó. ¿No recuerdas?
—Me duele la cabeza al tratar de recordar algo, pero estoy lleno de angustia por mi Mariana, de mi corazón, la mujer más bella que he olido en toda la faz de la tierra. ¿Sabes qué pasó con ella?
—Eres el típico enamorado, mejor deberías preguntar por qué estamos atados en estas camillas, en este salón que no parece un hospital. Yo estoy aterrada con esta fragancia de anestesia.
—Tienes razón, no había sentido, estás soga, que están muy apretadas. Eso no quiere decir que el ejército del chamán nos capturara. Por un lado, es bueno, de esa forma me queda fácil liberar a mi Mariana.
—Estás equivocado, no fueron los jaguares.
—Es imposible que otro clan, sea capaz de secuestrarnos. Lo único sería que el gobierno consiguió pruebas para capturarme.
—tampoco. Fuimos secuestrados por la organización de Safor, aunque, según me acuerdo, acabamos con ellos. Fue increíble, a pesar de que estabas malherido, y también con los seis mejores de sus hombres, que además portaban armas mágicas.
—Sheila, te juro que no me acuerdo de eso. No considero que pueda luchar con más de dos lobos. Puede ser que lo soñaras.
—Lo recuerdo bien, fue sorprendente. También lo he analizado, la única conclusión que se me ocurre, fue algo que mencionó Sancho, dijo que al regresarte a la vida, traerías cualidades del otro mundo.
—En ese caso, necesito conversar con Sancho.
—Me temo que eso no será posible. Safor lo asesinó, parece ser que se enteró de que Padre fue el que convirtió a su familia en hombres-lobo.
—Eso son calumnias, Padre, está prohibido convertir a cualquiera. Es porque la mayoría de los humanos no aguantan la magia. Son incompatibles con nuestra sangre.
—Sí, lo sé. Supongo que por esa razón estás buscando lo de la poción, ya que no provoca efectos secundarios. La quieres para convertir a tu amada, para que el padre permita su relación. Lo que no comprendo es por qué no me pediste ayuda. Sabes que cuentas conmigo para lo que sea, cuándo sea y donde sea.
—Es que no quise molestarte, hermana.
Una puerta se abrió con fuerza, golpeando la pared, por donde entró un hombre vestido con un esmoquin negro, seguido por dos soldados, los saludó con una mueca de alegría.
—Me encanta que despertaran, por poco me toca traer a un sacerdote a quien les aplicará los santos óleos.
—¿Quién eres?, liberamos y te prometo que no tomaremos represalias. —Alberto gruñó, tratando de convertirse.
—Primero que todo, permítanme presentarme, presento, soy Juan López. En cuanto a lo de que los tenga retenidos, en eso están muy equivocados, ustedes no son mis prisioneros, ustedes son mis invitados. Deberían estar agradecidos con nosotros, pues los encontramos entre todos esos cadáveres, estaban a punto de unírseles. Ya olían mal. Pero los trajimos aquí y los curamos, les intentamos sueros y paramos las hemorragias de sus heridas. Si otro los hubiera hallado, los llevaría a un médico donde los hubieran llenado de costuras, o los diseccionaran para investigar la razón de su rápida regeneración. —El hombre de traje sacó un celular con el forro en diamantes, lo miró esperando a que alguno de ellos preguntara lo obvio, hasta que lo hizo Alberto:—¿Qué es lo que quieres de nosotros?
—¡Bingo! Qué buena pregunta, digna de un Alfa. No hay ninguna duda que vas a ser el mejor líder de la manada. Pues gracias a ti, que asesinaste a tu jefe, ahora yo asumí el mando. Por supuesto que hubo algunos que se opusieron, pero ya le eché tierra a ese asunto. Lo solucioné con la inteligencia, no asesiné a nadie, al parecer soy el único con propósitos y planes. Y ahí es donde entran ustedes. Resulta que yo nací en un barrio pobre, cerca de un basurero, a donde me tocaba buscar en los desechos, cosas que pudiera vender para reciclaje para el sustento. A menudo llegaban productos lujosos un poco dañados. Cierto día, un amigo encontró un celular que servía, aunque su pantalla estaba fisurada. Lo hizo sonar, nos encantó, hasta que otro chico de los más grandes, se percató del hallazgo, vino y se lo quitó. Nosotros nos le enfrentamos, no podíamos permitir que este abusivo nos quitara el tesoro, pero este rufián poseía más fuerza que nosotros, además de un puñal. La pelea finalizó cuando estuve, me lanzó una puñalada que me dio en el estómago. Me saco el aire, causo que me eche al suelo. Por supuesto que ese bravucón no se detuvo, cargó con su navaja con miras a rematarme, pero mi amigo se interpuso, recibiendo el ataque, al tiempo que también le hirió el cuello con una botella despicada. Unos compañeros nos llevaron al hospital más cercano, donde casi no nos dejaron entrar. Considero que mi salvador murió en este proceso, pues cuando lo revisó el doctor de la entrada ya estaba bien frío, mientras yo me desmayé. Soporté mil agujas y torturas; sin embargo, lo más difícil fue ver a mi mamá llorando al no poder pagar la cuenta. Nos tocó escaparnos de ese lugar, apenas pude correr. Desde ese suceso me propuse a ser muy poderoso, no para comprar lujos o quemar dinero, prometí que lo sería para ayudar a mi madre, a mi familia y a los niños como yo que vivían de la basura. En la actualidad ayudo a muchos habitantes de esos barrios marginales, incluso mandé a construir una escuela. —¿El nuevo jefe hizo una pausa, mirando al techo, recordando viejos tiempos, lo que permitió a Alberto preguntar:
—¿Qué sucedió con ese abusón?
El mafioso sonrió: —Lo normal, se recuperó con una cicatriz en el cuello que le ayudaba a infundir más miedo, se asoció con otros abusones, que se les ocurrió que los demás teníamos que pagarles protección, fue aún más injusto. También violaban a las niñas y a algunos niños. Eso me repudiaba, empecé a organizar a todos los afectados. Al principio los acusamos con los padres y descubrimos que eran peores que ellos. Algunos eran borrachos, drogadictos que justificaban a sus hijos o unos ignorantes que azotaban como caballos a sus hijos. Y ellos nos cobraban con creces cada uno de los castigos. Fue difícil romper con el miedo a las represalias, aunque es más difícil y degradante vivir con temor, vivir en humillaciones. No podíamos ser pobres y vivir humillados. Aprendí a planear con paciencia. En la basura encontramos armas, botellas rotas, palos con puntillas y hasta latas cortantes. Hicimos que el grupo de abusones se internaran en lo más profundo del basurero, un niño les anunció un importante hallazgo, que no podía extraer solo, les dijo que era una moto. Al llegar al lugar, entre todos los golpeamos, gritábamos “la unión hace la fuerza”, la verdad no había contemplado matarlos, solo les quería dar una lección, solo que el peso de sus actos desencadenó que las almas que atormentaron llevarán la venganza hasta el último nivel. Inclusive disfrutamos la hoguera en la que quemamos sus cuerpos, la convertimos en una fiesta, contamos y no faltaron los que saltaron encima del fuego. Después me hice líder del barrio, me dediqué a robar apartamentos de ricos, robé al padre de mi exjefe, quien me rastreó. Supuse que me iba a matar, empero, me sorprendió que mencionara que le gustaba mi manera impecable de trabajar, que ojalá sobreviviera al cambio. Me mordió una luna llena. Fue algo inexplicable, es como si me hubieran inyectado lava, dure dos semanas sudando, con fiebres y fríos. Me enterraron en una tierra extraña, con la cabeza por fuera. Lo peor fue a la siguiente luna llena, cuando me transformé, perdí el control y recibí una paliza de mis cuidadores. Fue algo de locos y nunca olvidaré esa sensación de poder, la que todavía siento cada vez que me transformo.
¿Esta vez Sheila fue la que lo interrumpió para preguntarle:
—¿Te vas por las ramas, queremos saber qué quieres de nosotros?
El mafioso asistió con la cabeza y les expuso sus requerimientos: —Mi propósito es ser el jefe de jefes, resulta que es muy posible que ahora Alberto sea el alfa, debido a que su padre no aparece. Eso quiere decir que podría eliminarlos y buscar la forma de anexar lo que quede de su manada. Lo malo es que morirían muchos en ese proceso y necesito la mayor cantidad de soldados posible para alcanzar mis siguientes propósitos. Así que mi idea es la siguiente, tu Alberto te casarás con mi hermana, para luego darme el mando, y tu Sheila serás mi esposa, mi Luna, mi mate, como se diga.
La loba suspiró como si necesitara apagar un fuego que tuviera en el interior y respondió:
—De acuerdo, me encantaría ser la pareja del jefe de jefes, alfa de alfas, lomo plateado.
El capo caminó hacia la pared de la habitación, allí había un espejo donde se vio y se arregló la corbata, aunque la tenía bien puesta, y añadió: —Muchacha, no me tomes por ingenuo o crédulo. Sé que su situación actual puede causar que digan todo lo que yo quiero, pueden incluso prometer asesinar a su madre, y cuando los liberen se volverán solo promesas vacías, se disolverán como azúcar en agua, pero no cuentan con que mis patrones invirtieron mucho capital en la investigación tanto científica como paranormal. Si aceptan, haremos un conjuro, un hechizo o, como se llame, un pacto que los obliga a cumplir su palabra. Ya lo he probado, y el que lo rompe se muere en medio de mucho dolor. Así que les preguntaré otra vez. ¿Aceptan mi trato?







