Nick no pudo dormir esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, veía la imagen de su reflejo extendiéndole la mano desde el otro lado del espejo. Era como si una parte de él quisiera entregarse… y otra, resistiera con todas sus fuerzas.
Al amanecer, decidió salir a caminar por el jardín del hotel. El aire fresco lo ayudó a despejarse. Se sentó en una banca, con su cuaderno en las manos. Al abrirlo, encontró una nueva página escrita.
No recordaba haberla redactado.
“No tenés que tener miedo. Yo so