En ese espacio extraño, Nick finalmente llegó a un lugar que reconoció como su antiguo hogar. Allí estaba su yo más joven, sentado en el suelo, abrazándose las rodillas. Sus ojos mostraban miedo y abandono.
Nick se acercó y se arrodilló frente a él.
—Lo siento —dijo—. No supe protegerte. Te dejé solo.
El niño no respondió. Solo lo miraba con esa tristeza que tanto había evitado recordar.
Nick lo abrazó. Lloró.
Y fue entonces cuando todo comenzó a desvanecerse. Las sombras se disiparon. La oscur