Finalmente, los oficiales de policía toman la decisión definitiva de llevarse a Max. Pese a los ruegos desesperados del individuo, que ahora se aferra con torpeza al marco de la puerta del patrullero, Johana da un paso al frente. Nick la observa desde su posición junto a las cajas de la mudanza; nota cómo ella intenta convencer a los oficiales de que lo dejen en libertad, gesticulando con las manos temblorosas, pero sus súplicas caen en el vacío burocrático de los uniformados.Max no deja de repetir una y otra vez que es inocente, arrastrando las palabras con una mezcla de rabia y cobardía mientras lo empujan sin delicadeza hacia el asiento trasero del patrullero. Johana, completamente angustiada, corre los últimos metros hasta la ventanilla trasera del vehículo, haciendo un intento final, casi reflejo, por detener lo inevitable. Los oficiales ignoran el llanto, suben a la parte delantera y cierran las puertas con un golpe seco. El motor del auto arranca, los neumáticos rechinan sutilm
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