Eva caminó por los pasillos del hospital con el corazón en la boca, llegar ahí siempre hace que se sienta nerviosa y le suden las manos.
Al llegar a la habitación se detuvo en el umbral y vio a su hermanito que descansaba en la cama con el rostro relajado y una expresión de paz.
Eva dejó con cuidado una bolsa con algunos juguetes y dulces sobre la mesa de noche, moviéndose suavemente para no interrumpir su descanso.
Se quedó unos minutos observándolo en silencio... Justo cuando se disponía a darle un beso en la frente la puerta se abrió suavemente y apareció la enfermera de turno.
— Se acaba de dormir hace poco — susurró la mujer, haciéndole una seña para que salieran al pasillo — Te estuvo esperando toda la tarde, Eva. Preguntaba a cada rato si ya ibas a venir.
Eva sintió una punzada de culpabilidad tan aguda que tuvo que apartar la mirada.
— Lo siento, el trabajo... — balbuceó, pero la enfermera la interrumpió con un gesto serio.
— Eva, tenemos que hablar — le dijo, llevándola a un