85.
El caos se desató en un segundo.
El sonido de la puerta abriéndose coincidió con el último grito de Isabella. Alejandro entró y al ver la sangre y a Isabella retorciéndose en el suelo se mostró horrorizado. Agradecí que no me preguntó nada y simplemente la tomó en brazos y salió disparado hacia el hospital.
Yo los seguí en una especie de trance con las manos temblando y el corazón a punto de salírseme del pecho.
(...)
La espera en el pasillo del hospital fue eterna. Mi frustración crecía con ca