86.
La mañana siguiente no ue tan agradable como la noche anterior. Estábamos en el despacho del abogado, un lugar lleno de estanterías pesadas y un olor a papel viejo que solo lograba aumentar mi ansiedad.
Alejandro estaba sentado a mi lado sosteniendo mi mano bajo la mesa pero mi atención estaba totalmente fija en los documentos que el abogado pasaba con lentitud.
— Aquí está el problema, Ámber — dijo el abogado, ajustándose las gafas — Ya hemos confirmado que tú eres la heredera universal según