75.
Nunca me había sentido tan invisible en una habitación tan lujosa. El comedor de la mansión Rivera era un despliegue de cristalería fina y cubiertos de plata, pero para mí el ambiente era gélido.
La disposición de la mesa fue el primer golpe. El patriarca presidía la mesa y justo a su derecha habían sentado a Alejandro e Isabela juntos, hombro con hombro, como si fueran la pareja anfitriona. A mí me habían relegado a un extremo de la mesa, separada de Alejandro por las tías Aurora y Griselda, q