74.
No tuve tiempo de procesar sus amenazas cuando la puerta volvió a abrirse de par en par.
Alejandro entró primero. Su rostro estaba pálido, rígido como una máscara de piedra y evitaba mirarme directamente. Detrás de él aparecen un monton de trabajadores cargando cajas de cartón, maletas de diseñador y muebles pequeños.
—¿Qué es esto, Alejandro? — pregunté — ¿Qué están haciendo estas personas en nuestra casa? ¿Qué son todas estas cosas?
Él se detuvo junto a la isla de la cocina, apretando los puñ