61.
Lucas había cambiado desde aquella llamada en el rancho. No sé por qué pero actuaba muy extraño, como si estuviera a punto de colapsar. La arrogancia había dado paso a una paranoia constante.
Esa mañana lo vi con un poco más de atención que de costumbre. Estaba pálido, y su mirada vigilaba a todos lados cada vez que salía, como si esperara que un equipo de policía apareciera para arrestarlo de nuevo. Era muy molesto y patético.
— ¿Todo bien, Lucas? — pregunté con falsa preocupación.
— Perfecto.