14.
El olor me golpeó antes de que la vista lo hiciera: una mezcla agria de ceniza mojada, óxido y el hedor dulce y enfermizo de algo muerto.
Alejandro estaba esperando junto a su coche. Era una obscenidad verlo allí, tan inmaculado con su traje oscuro, como un diamante sobre un montón de escoria.
— No me has dicho que tu ‘propiedad’ estaba tan… rústica, Amber,— comentó, con un tono que no era de desprecio, sino de una curiosidad peligrosa.
— Es una reliquia familiar. Una inversión de mi abuelo que