El ambiente en la cabaña se había vuelto un poco más tenso desde la llamada de la noche anterior. Aunque durante la mañana ambos habíamos intentado actuar con normalidad, aquella sensación seguía presente, difícil de ignorar. Sebastian, al notar que la preocupación comenzaba a pesarme otra vez, tomó mi mano a media tarde y me propuso dar un paseo a solas hasta el río. Caminamos hacia la zona más apartada y boscosa de la propiedad de mi padre, buscando un poco de aire entre los árboles y el sile