El murmullo de la multitud congregada a las afueras de la gran catedral de la ciudad se filtraba a través del cristal blindado del vehículo señorial. Brandon y Penélope ya se encontraban en el vestíbulo privado del templo, rodeados por un selecto grupo de reporteros de la prensa social. Con sonrisas ensayadas y rostros cargados de una falsa pesadumbre, se preparaban para dar una declaración exclusiva que limpiaría la imagen del joven heredero, consolidando la mentira del aplazamiento por "probl