A media tarde, mi padre y Sebastian tomaron las cañas de pescar que guardábamos en el cobertizo y decidieron caminar hasta el río que atravesaba los límites de la propiedad. Sebastian insistió en que yo me quedara descansando en la cabaña para terminar de recuperar mis fuerzas por completo. Verlo caminar junto a mi padre, escuchándolo con atención y adaptando naturalmente su paso al suyo, me dejó una sensación de profunda calidez en mitad del pecho.
En cuanto sus siluetas desaparecieron detrás