CAPÍTULO 91: EN LA CELDA
Elena
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que me metieron aquí, pero el frío no ayuda a pensarlo con claridad. Me duele la espalda, la cabeza me late y el estómago se me revuelve con una mezcla de hambre, angustia… y miedo. No por mí sino por mis hijos y por el bebé que llevo dentro.
Abro los ojos y todo sigue igual, las paredes grises, la banca metálica, incluso el sonido lejano de pasos. La humedad que se cuela por las rendijas del techo me produce nauseas. Estoy sola