CAPÍTULO 89: LA TRAICIÓN MÁS CRUEL
Elena
El ruido de las sirenas no existe, pero dentro de mí retumba como si las escuchara. Dos policías frente a mi puerta, mi tía temblando a mi lado y mis hijos mirándome desde el pasillo con ojos de susto. Y la frase que no puedo borrar: “Debe acompañarnos a la comisaría.”
Subo al patrullero con el corazón en la garganta, nadie me dice nada más. Me aferro a la idea de que debe tratarse de un malentendido, algo administrativo, cualquier cosa menos lo que mi m