CAPÍTULO 80: LA CAÍDA
Jacob
Salimos del hospital con el olor a antiséptico pegado a la ropa y el pitido fantasma de los monitores perforándome el oído. Tomo a Elena de la mano y siento cómo su pulso, aunque firme, late más rápido de lo normal. No tenemos más que decir; ya lo hemos hablado todo con miradas. Mi tía Margaret respira por máquinas y mi mundo, que parecía ordenarse en estantes, vuelve a temblar desde la base.
—Pasemos por los niños —digo, abriendo la puerta del auto—. No quiero que d