CAPÍTULO 8: TURBULENCIAS
Elena
—Señorita —le dice a la azafata, amable—, tengo un asiento libre a mi lado en primera. ¿Podrían cambiar a la pasajera del 23B…? —Sus ojos verdes se clavan en mí un segundo. Es un gesto rápido, casi imperceptible, pero me lee el alma: te hace falta un respiro.
La azafata sonríe como si le hubieran caído veinte años menos encima.
—Podemos cambiar a la señorita del 23B, si está de acuerdo.
Miro mi bolso, mis manos y mi orgullo. Asiento.
—De acuerdo.
La señora del abr