Elena
Amanezco antes que el sol. La casa huele a leche tibia y a pan tostado; Lucía tararea bajito en la cocina para no despertar a los mellizos y yo reviso por tercera vez las maletas alineadas junto a la puerta. Etiquetas, pasaporte, carpeta de recetas, chaqueta de chef, la caja con boquillas… todo. Aun así siento que olvido algo: una versión de mí que no tiemble cuando él aparece.
—Van a despertar en nada —susurra Lucía, apoyada en el marco—. ¿Quieres que les haga pancakes o te los secuestro