CAPÍTULO 9: SUITE COMPARTIDA
Elena
Me siento como una provinciana con zapatos prestados. El coche negro de la empresa se desliza frente al Hotel Hastings y cuando el chofer me abre la puerta, pienso que debería haber ensayado una cara más sofisticada. Una que no gritara “soy pobre y estoy impresionada”.
Pero ¿cómo demonios no estarlo? El lobby parece sacado de una película, con lámparas de cristal que seguro cuestan más que toda mi panadería, alfombras que parecen nubes mullidas y un olor a per