CAPÍTULO 34: HERIDAS VIEJAS, HERIDAS NUEVAS
Jacob
El amanecer llega, pero yo no estoy en mi suite, ni en ninguna sala de juntas. Estoy en una habitación de hospital, con la espalda doliéndome por haber dormido sentado en un sillón rígido.
Parpadeo y la primera imagen que me recibe es ella. Elena. Está dormida en una silla de plástico con la cabeza ladeada hacia la derecha y un mechón rebelde pegado a la frente. Su mano envuelve la de su hija, que está hecha un ovillo en su regazo.
La escena me