La casa en la colina. Seis semanas después
El sol de la tarde filtrado por los ventanales iluminaba el salón, donde los trillizos jugaban sobre una manta suave. Lucía Emilia agitaba un sonajero con determinación, Mateo Benjamín intentaba rodar hacia un peluche brillante, y Elías León observaba el mundo con ojos serenos. Isabella, reclinada en un sofá cercano, sostenía un libro abierto pero no leía. Sus ojos analizaban a Owen y Jacob, sentados en silencio junto a la chimenea apagada. La tensión