La luz del día se colaba por las grandes ventanas del comedor de la casa, iluminando los espacios amplios y acogedores que Owen, Jacob e Isabella habían convertido en un verdadero hogar. El ambiente estaba impregnado de una paz que antes les resultaba esquiva.
Se veían rastros de juguetes, por todo el lugar. Algo que a ellos le encantaba este lugar era su hogar, su santuario aquí eran ellos mismos. Una familia construida por ellos. La puerta principal se abrió e Isabella entró con una carpeta