Salvador
"Haz lo que quieras, Montenegro."
Esa frase me persigue mientras subo las escaleras con el estómago revuelto. Cada palabra retumba en mi cabeza como si Marina me la hubiera susurrado justo al oído una y otra vez. Camino directo al estudio, pero al llegar, no soy capaz de quedarme. Me ahoga.
Entro a mi habitación, cierro la puerta con un golpe seco y suelto un gruñido que rebota contra las paredes. Me sirvo una copa de whisky, la llevo a los labios, pero no la bebo. La dejo sobre el buró